venerdì 3 giugno 2011

NADA. HOY SIMPLEMENTE EXISTÍ.

Todos hablan. Escucho voces, continuamente voces. Quiero leer, terminar de leer lo que hace varios minutos empecé, pero todo, absolutamente todo es molesto, y así como todo es molesto también es excusa para no seguir leyendo. ¿Pero son excusas válidas? ¿O sólo palabras de relleno para evadir lo que mi cabeza quiere pensar?

Todo es todo, y todo es nada.

De pronto, las ideas vuelan, van y vienen, se cruzan, generan constantes batallas; corazón, mente, contexto, problemas (esos nunca faltan), y como si todo esto junto fuera poco, entran en escena los recuerdos, y por ende los sentimientos también, sin esperar más esas voces te hacen retornar a la realidad con un simple gesto, una broma, un grito, algo.

Crisis.

¿Cómo reaccionar ante esto? Podría reaccionar gritando furiosa, por el simple hecho de haberme desconcentrado, o sonreír tristemente, porque mi cara no quiere mostrar alegría, no, no lo deseo, porque no es cierto, porque todo es molesto, porque todo es cuestión de evadir el real desastre. ¿Y cuál es el real desastre? Lo conozco, esta vez estoy así por conocerlo, en ocasiones no es fácil saber qué nos pasa, y por eso la incertidumbre mata; pero no es el caso, no es la incertidumbre del qué, sino del cómo resolverlo lo que me atormenta, lo que me destroza cada idea, lo que me confunde,

Optimismo.

Sin ir más lejos, encuentro algo positivo. Y no me sorprende, porque es común oír esos dichos: “Después de la tormenta sale el sol”, o “Siempre que llovió paró”, pero nada de esto significa que en este momento me importen, son dichos, son ciertos, pero también es cierto que son molestos, y no hay peor cosa que intentar pensar positivo cuando todo lo que tu percepción abarca son nubes grises. Nubes grises, ¿acaso puedo insistir más con esto de describir una tormenta? Puedo hacerlo, quiero hacerlo, son metáforas que logran describir mi estado, y si explayándome con metáforas este texto sigue pareciéndome complejo, qué sería de él sin ellas.

Retorno ahora al instante positivo, a eso de lo que estoy completamente segura en medio de tanta confusión. Si existe un problema, existe la solución.

¿Solución?

Aparenta ser fácil, pero igualmente agradezco que las apariencias sean reales, sino jamás existiría la introvertida realidad.

Después de asegurarme del verídico problema, lo que cualquiera haría, inclusive yo, es buscar la solución (y digo esto porque buscarla no significa hallarla). Al fin y al cabo estoy igual que al comienzo, y rodeo con tantas palabras todo esto, tratando de discernir una solución, al menos un puntapié para llegar a ella.

Típico.

El ser humano evade sus problemas, y cuando no lo hace, indirectamente lo consigue si no logra resolverlo.

Guerra de ideas y sentimientos, lo que seguramente cada persona hace frente a un hecho que complica su armonía interior, o su sinónimo, el problema.

Pero es necesario aclarar que en medio de cada batalla que compone a esa profunda guerra, el contexto sigue perturbando, y más aún cuando ese gesto “alegre” nos obliga a sonreír forzosamente, si no es que optamos por gritar, y obvio, es ahí cuando comienza el nuevo problema.

Como decía Nietzsche: “Nada. Hoy simplemente existí.”